lunes, 3 de diciembre de 2012

VICTIMISMO Y POLÍTICA


Victimismo y política

Hoy 3 de diciembre, en dos periódicos de alta difusión en Bizkaia como son Deia y El País, aparecen las declaraciones del Delegado Episcopal de Pastoral Social de la diócesis de Bilbao, D. José María Delclaux, expresando su opinión (supongo que personal y no diocesana), sobre la actitud de las víctimas de ETA y su implicación en política.

Algunas de las frases entrecomilladas por estos diarios, dicen que las víctimas de ETA “no deben hacer política con su victimismo”, y que esta actitud “hace un flaco favor” y no ayuda a la convivencia. Además, para dar más fuerza a su argumentación, apela a la autoridad de un hombre llamado Jesús de Nazaret que rechazó el sentimiento del ojo por ojo, y cuestiona el hecho de que el gobierno mantenga “leyes excepcionales” en estos momentos.

Me gustaría considerar algunas cuestiones al respecto:

1.      Las víctimas del terrorismo tienen, por lo menos, el mismo derecho a intervenir en política como de facto lo hacen aquellos que siempre han estado al lado de los criminales. Sólo faltaba que partidos que justificaron, ampararon y defendieron los crímenes de ETA gocen del apoyo de, por desgracia demasiadas personas, y subsistan gracias a los impuestos que pagamos todos, paradójicamente también sus víctimas, y éstas no puedan por lo menos alzar una voz en esta sociedad democrática. Es una situación de locos. Los verdugos y criminales se pueden sentar en el parlamento, dar conferencia, mítines y escribir sus panfletos propagandistas, y las víctimas han de estar tranquilitas y sin rechistar.

2.      Hablar del ojo por ojo y diente por diente, apelando a Jesús, queriendo con ello condenar actitudes vengativas, en aquellos que jamás alzaron la mano contra sus asesinos, ni llamaron a la venganza, es un insulto a la inteligencia y a la decencia humana.  Precisamente por esa actitud ejemplar del sufrimiento desgarrador vivido en el silencio de tantas víctimas en más de 40 años y casi 1000 asesinados, es lo que les legitima para ahora elevar su voz como les dé la gana.

3.      Por último, “las leyes excepcionales”, están para canalizar situaciones excepcionales y éstas se aplican para aquellos que cometieron delitos de semejante magnitud. No creo que se apliquen hoy esas leyes a quienes no cometen delitos de terrorismo, pero esta lacra, aunque es cierto que parece haber terminado en lo que a su expresión más cruel se refiere, no por ello siguen existiendo culpables que han de pagar por sus crímenes. El ejercicio del perdón y de la generosidad de la sociedad, depende primero de la autenticidad con que se solicita por parte del culpable, y después de la disposición de la víctima para otorgarlo. Pero no podemos poner en el mismo plano lo uno y lo otro. Quien ha causado el desastre es quien debe expresar y dar pruebas objetivas de su arrepentimiento y conversión. No se puede exigir a quien ha sufrido, causándole mayor pesar en su conciencia, que sea ella quien tome la iniciativa. Lo mismo que la ley del talión fue abolida por Jesucristo, y siempre nos llamó al perdón generoso que sana y regenera, del mismo modo advierte de la condenación eterna para quien no se arrepiente y se obstina en su camino de odio y destrucción.

Ojalá que esta experiencia tan dolorosa de nuestra historia sea pronto superada, pero no olvidemos nunca que en ella no todos sus protagonistas han tenido igual responsabilidad.

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